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| Pioneros de
la convivencia árabe-judía |
 Las clases
se imparten en árabe y hebreo. Hay profesores palestinos
y judíos.
 Los chicos
comparten juegos y clases sin divisiones ni
discriminaciones étnicas o
ideológicas.
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 Si
alguien contara que en Israel, hoy, existe una escuela donde
los chicos aprenden a conocer Pesaj y Ramadán en el mismo plan
de estudios, y que lo hacen tanto en hebreo como en árabe, su
relato no sonaría muy confiable. Y si, además, asegurara que
dicha escuela está ubicada en una comunidad donde judíos y
palestinos conviven en el mismo terreno bajo las mismas
normas, la historia carecería de credibilidad.
Sin
embargo, equidistante de Tel Aviv y Jerusalén, a pocos metros
del antiguo monasterio de Latrum, la comunidad de Neve
Shalom/Wahat al-Salam (“Oasis de paz”, en hebreo y árabe
respectivamente), desafía la realidad y el tiempo. A la
realidad, porque se trata del único lugar donde palestinos y
judíos conviven voluntariamente en una misma comunidad. Y al
tiempo, porque se coloca por encima de la época para ofrecerse
como una opción de futuro. LA VOZ DEL INTERIOR tuvo
oportunidad de visitarla y hablar con sus
residentes.
“Durante años, la violencia fue el elemento
que dominó las relaciones entre árabes y judíos. Algunos
quieren hacernos creer que ese es el único camino. Pero
demostramos que no es así”, dice Howard Shippin, miembro de la
comunidad y director de publicaciones del centro
educativo.
En apariencia, la estructura del lugar no se
diferencia de la de cualquier kibutz, y su funcionamiento es
semejante en algunos aspectos. Instalada sobre una colina
desde la que se domina un paisaje preferencial, una
cincuentena de viviendas comparte el espacio con la escuela,
una cancha de básquet, abundante espacio verde y un centro de
conferencias.
Neve Shalom/Wahat al-Salam (NS-WS) fue
fundada en 1977, cuando llegaron los primeros miembros. Hoy
residen 45 familias que eligen democráticamente a sus
representantes.
“En otras comunidades la gente decide
unirse por una ideología común o por compartir un sistema de
creencias. Eso no pasa aquí. Lo que nos hace diferentes es
simplemente el hecho de vivir juntos”, dice Shippin, un inglés
que, a pesar de no ser árabe ni judío, decidió acompañar a su
esposa (judía) a lo que al principio calificaba como una
“aventura”. “El objetivo es conocernos cada día y expresar
libremente nuestras opiniones, que incluyen acuerdos y
desacuerdos”, señala.
Integración educativa
Una
de las experiencias más interesantes es la escuela que
funciona en la comunidad. Si bien empezó como un centro
educativo para los niños del lugar, hoy tiene alrededor de 300
alumnos, el 90 por ciento de los cuales pertenecen a otras
ciudades y pueblos.
El sistema educativo es bilingüe y
bi-cultural, una experiencia novedosa en Israel que, con el
tiempo, fue imitado por otros.
“Los chicos no sólo
aprenden los dos idiomas (hebreo y árabe), sino que aprenden
‘en’ dos idiomas. En las clases se respeta la lengua de los
profesores, y éstos son palestinos y judíos en la misma
proporción. Terminan hablando con fluidez ambos idiomas. Por
supuesto, el idioma dominante es el hebreo, pero se da así por
el contexto en el que vivimos. Queremos revertir la situación
que se da en Israel, donde muy pocos judíos hablan árabe, pero
la mayoría de los árabes habla hebreo. En ese sentido, hay que
hacer un esfuerzo extra para aprender árabe. Pero lo hacemos,
y todos los días algo nuevo”, explica Shippin, que se muestra
aliviado por la aprobación del plan de estudios que acaban de
conseguir por parte del Ministerio de Educación israelí:
“Recién este año se oficializó el programa. Esto es importante
no sólo por el apoyo económico que recibimos del Estado, sino
por la legitimidad que nos confiere”.
Con respecto a
las experiencias similares que comenzaron a desarrollarse en
el país, Shippin comenta: “Es un orgullo comprobar que hay
ideas parecidas en otras partes de Israel. Nosotros siempre
esperamos que la experiencia se multiplique. Creemos que el
principal problema en la región es el desconocimiento que cada
parte tiene de la otra. Por eso la integración es, por sí
misma, el mejor camino para la paz”.
—¿Cómo resuelve la
escuela el tratamiento de temas históricos? La guerra de 1948,
por ejemplo, para los judíos señala su independencia, para los
palestinos es un día de duelo.
—En la escuela no existe
un único punto de vista. Especialmente en historia. Claro que
tampoco existe entre los historiadores. Pero aquí tratamos de
transmitirle a los chicos justamente eso: que es posible ver a
la historia desde más de una perspectiva. Hay un punto de
vista judío, un punto de vista palestino y quizá otros. A
veces pueden coincidir, pero no necesariamente. El Día de la
Independencia es un festejo para los israelíes, pero para los
palestinos simboliza el momento en el que perdieron su tierra.
No queremos que cada uno cambie su pensamiento. Sólo que sepan
convivir con ellos. Ese día, por ejemplo, los chicos
palestinos salen a visitar algunas ruinas, mientras los
alumnos judíos celebran. Y esto sucede a menudo con otras
fechas importantes.
Discusión de vecinos
Neve
Shalom no está exenta de los conflictos que acosan a la
sociedad. “Tenemos los problemas de cualquier comunidad
pequeña. Tienen que ver con discusiones particulares. Y son
dificultades derivadas del hecho de convivir. Todos tenemos en
común la posición de que esos conflictos se resuelven con el
diálogo, nunca con violencia”, dice Shippin.
Hace poco
tiempo, algunas familias judías plantearon la posibilidad de
colocar una placa en honor a dos jóvenes de la comunidad que
murieron mientras hacían el servicio militar, durante un
accidente en un helicóptero. “Los palestinos se opusieron
totalmente; lo veían como una especie de monumento militar,
así que se entabló una discusión muy fuerte. Muchos tienen
parientes en los territorios ocupados, y más allá de que
fueran dos seres humanos que crecieron aquí, ellos los veían
como soldados que se dirigían hacia el Líbano. A veces
enfrentamos situaciones en las que nos damos cuenta de que
tenemos que pensar desde nuevos ángulos, más allá de cómo se
piensa desde lo judío o lo palestino”, señala
Shippin.
En este sentido, cada discusión enfrenta a los
miembros de la comunidad con el desafío permanente de
coexistir. Pero reconocen que no aspiran a unificar formas de
pensamiento ni a estar de acuerdo en todos los temas, sino a
aprender a convivir con las diferencias.
Para los
críticos de la Neve Shalom, allí reside precisamente su
debilidad. Plantean que no hay convivencia posible cuando
existen diferencias que implican el no-reconocimiento del otro
o de la historia del otro. Y que, aunque nunca se llegó a la
violencia, se trata de una experiencia aislada, demasiado
ideal como para convertirse en un paradigma una vez que sale
del laboratorio.
Sin embargo, y a pesar de un contexto
adverso, los miembros de Neve Shalom/Wahat al-Salam siguen
desafiando a la realidad y al tiempo. Quizá un futuro no muy
lejano termine por concederles el merecido estatus de
pioneros.
Edgardo Litvinoff
* Neve
Shalom/Wahat al-Salam fue fundada en 1977. Hoy residen allí 45
familias que eligen voluntariamente vivir en este
sistema.
* A la escuela de la comunidad concurren 300
alumnos, el 90 por ciento de los cuales pertenece a otras
comunidades o pueblos.
* El sistema educativo es
integrativo, bilingüe y bicultural.Los profesores son
palestinos y judíos en la misma proporción. En la escuela no
existe un único punto de vista sobre hechos históricos. Se les
transmite a los chicos que existe una opinión judía, otra
palestinas y otras diferentes.
* No se pretende
unificar pensamientos, sino aprender a convivir con las
diferencias y respetar otros puntos de vista.
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