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Sábado 28 de octubre de 2000
EL CONFLICTO PALESTINO-ISRAELI: UN
OASIS DE PAZ EN MEDIO DE LA VIOLENCIA
Una
escuela donde israelíes y palestinos desafían la guerra
Está a 30 kilómetros
de Jerusalén · Concurren 250 chicos y promueve la convivencia entre ambos
pueblos
Por
PAULA LUGONES. Enviada especial en JERUSALEN.

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| A LA HORA DEL RECREO. En la escuela Neve
Shalom Wahat al-Sala los niños árabes y judíos no saben
de los odios.
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"¿Cómo resolvemos
nuestras diferencias?", pregunta un cartel pegado en la pared, en árabe y
en hebreo. La respuesta está debajo, escrita con letra todavía vacilante,
en ambos idiomas, en pequeñas palomitas de papel: "hablando",
"escuchando", "abrazándonos", "pidiendo perdón", "contando hasta 10",
"calmándonos".
No es fácil encontrar, en estos tiempos de
extrema violencia en Oriente Medio, un lugar donde palestinos y judíos
vivan juntos sin agresiones, y en igualdad. Si bien el último mes hubo
ira, rabia y hasta algunos maestros y alumnos estallaron alguna vez en
lágrimas, la escuela primaria experimental Neve Shalom Wahat
al-Sala es una especie de "isla" donde se estimula la convivencia y la
paz.
A unos 30 kilómetros de Jerusalén, en el camino a Tel Aviv, la
escuela está ubicada en lo alto de una colina, cerca del Monasterio de
Latrún. Está rodeada de una pequeña aldea donde viven unas 40 familias
israelíes, judías y palestinas, en modestas pero confortables casas
blancas, rodeadas de florecidas santa ritas lilas y púrpuras. Las laderas
están tapizadas de higueras y olivos.
La aldea fue fundada en 1972
por el monje dominico Bruno Hussar, nacido judío en Egipto y convertido
años más tarde al cristianismo. En un principio el monje intentó la
convivencia de judíos, musulmanes y cristianos de Europa. Pero comenzaron
a llegar palestinos y judíos de la zona y finalmente Neve Shalom, que
significa "oasis de paz", comenzó a tomar la forma
actual.
Por la escuela corren, juegan y aprenden unos 250 chicos de
entre 6 y 12 años, de la propia aldea y de los alrededores. En un aula,
por ejemplo, se ve a chicos de 8 años aprendiendo a sumar en árabe. Desde
el corredor, se escucha a los más pequeñitos, que cantan canciones en
hebreo. Las clases son de 24 chicos, 12 palestinos y 12
judíos.
A pesar del buen clima que aquí se respira, este
pequeño oasis también sintió el golpe de la violencia desatada hace un mes
entre palestinos e israelíes, que ya ha provocado más de 130 muertos y
miles de heridos, la mayoría palestinos.
Por ejemplo, el auto de
una chica judía fue apedreado por palestinos. Al día siguiente, la chica
increpó a su amiga palestina y le dijo que "estaban todos locos". "La
chica vino llorando, me contó la discusión con su amiga y decidimos que
en la clase se hablara del tema", cuenta Boaz Kitain, uno de los
directores de la escuela.
El propio Kitain conoce de cerca los
efectos de la guerra. Su hijo soldado murió hace tres años, cuando chocó
en su helicóptero en una misión en el Líbano. "Ahora intento trabajar por
la paz y la reconciliación", dice con los ojos humedecidos.
Kitain
dice que cuando estallaron los enfrentamientos, muchos maestros, sobre
todo los palestinos, venían enojados y algunos hasta se ponían a llorar.
"Entonces organizamos charlas entre los docentes judíos y los palestinos
para que hablaran de lo que sentían, para que después lo pudieran hablar
con los chicos", agregó.
En un aula, por ejemplo, hay fotos de
Mohammed Al Durrah, el niño palestino que murió junto a su padre
detrás de un barril, víctima de las balas israelíes. El tema fue discutido
en clase. Otra vez, un chico judío de 7 años se acercó a Kitain, casi
llorando, y le dijo: "No entiendo qué está pasando. Tenemos que reunir a
los soldados israelíes y los palestinos para que hablen y se den cuenta
de que ambos son seres humanos. Así no se matarían".
Mahmud
Nasheb nació en Jerusalén y desde hace un año vive en Neve Shalom. Tiene
12 años, una mirada dulce y profunda, y busca libros en la biblioteca.
"Discutimos, tenemos diferentes posiciones y cada uno defiende lo suyo.
Pero aquí, palestinos y judíos queremos que ya no se tiren piedras ni
se disparen, así podremos vivir en paz.
No sé por qué están
tan locos", dice Mahmud, y asegura que se sigue llevando muy bien con sus
compañeros judíos. "Somos amigos, seguimos amigos. Estamos de los dos
lados."
Srour Wafaa, una palestina que vive y trabaja en esta
aldea, cuenta que su hija de 8 años ahora ve las noticias por la TV y está
muy dolida. "Es difícil, porque quizás el padre de una amiga puede ser
quien mate a un palestino. Ya es complicado para nosotros, es peor para
los chicos."
Pero los niños expresan las cosas a su manera. Bajo el
sol del recreo de las 11 de la mañana, con el aire embebido del dulce
perfume de higos que llega de la colina, los chicos juegan a tirarse
piedras (en realidad fruta) y entrecruzar disparos con fusiles
invisibles.
"Lo interesante —cuenta Kitain— es que por suerte
los grupos no se dividen entre palestinos y judíos." En esta
especie de "isla" de paz, los chicos juegan varones contra mujeres o grado
contra grado. |